La vida no es hoy... ni mañana... ni ayer... Es todo eso, unido en un continuo presente. La vida ES. ¿Todo? ¿Nada? Una forma de saberlo es abrir el corazón para aprender a vivirla.

sábado, 22 de marzo de 2014




Escoge la montaña que deseas subir: no te dejes llevar por los comentarios de los de
más que dicen “esa es más bonita”, o “aquella es más fácil”
Vas a gastar mucha energía y entusiasmo en alcanzar tu objetivo, y por lo tanto eres tú el único responsable y debes estar seguro de lo que estás haciendo.

Sabes cómo llegar frente a ella: muchas veces, vemos la montaña de lejos, hermosa, interesante, llena de desafíos.Pero cuando intentamos acercarnos, ¿qué ocurre?Que está rodeada de carreteras, que entre tú y tu meta se interponen bosques, que lo que parece claro en el mapa es difícil en la vida real. Por ello, intenta todos los caminos, todas las sendas, hasta que por fin un día te encuentres frente a la cima que pretendes alcanzar. 

Aprende de quien ya caminó por allí: por más que te consideres único, siempre habrá alguien que tuvo el mismo sueño antes que tú, y dejó marcas que te pueden facilitar el recorrido; lugares donde colocar la cuerda, picadas, ramas quebradas para facilitar la marcha.La caminata es tuya, la responsabilidad también, pero no olvides que la experiencia ajena ayuda mucho. 

Los peligros, vistos de cerca, se pueden controlar: cuando empieces a subir la montaña de tus sueños, presta atención a lo que te rodea. Hay despeñaderos, claro. Hay hendiduras casi imperceptibles.Hay piedras tan pulidas por las tormentas que se vuelven resbaladizas como el hielo.Pero si sabes dónde pones el pie, te darás cuenta de los peligros y sabrás evitarlos.

El paisaje cambia, así que aprovéchalo: claro que hay que tener un objetivo en mente: llegar a lo alto. Pero a medida que se va subiendo, se pueden ver más cosas, y no cuesta nada detenerse de vez en cuando y disfrutar un poco del panorama alrededor. A cada metro conquistado, puedes ver un poco más lejos; aprovecha eso para descubrir cosas de las que hasta ahora no te habías dado cuenta.
Respeta tu cuerpo: sólo consigue subir una montaña aquel que presta a su cuerpo la atención que merece. 

Tú tienes todo el tiempo que te da la vida, así que, al caminar, no te exijas más de lo que puedas dar. Si vas demasiado deprisa, te cansarás y abandonarás a la mitad. Si lo haces demasiado despacio, caerá la noche y estarás perdido. Aprovecha el paisaje, disfruta del agua fresca de los manantiales y de los frutos que la naturaleza generosamente te ofrece, pero sigue caminando.

Respeta tu alma: no te repitas todo el rato “voy a conseguirlo”. Tu alma ya lo sabe. Lo que ella necesita es usar la larga caminata para poder crecer, extenderse por el horizonte, alcanzar el cielo. De nada sirve una obsesión para la búsqueda de un objetivo, y además termina por echar a perder el placer de la escalada. Pero atención: tampoco te repitas “es más difícil de lo que pensaba”, pues eso te hará perder la fuerza interior. 

Prepárate para caminar un kilómetro más: el recorrido hasta la cima de la montaña es siempre mayor de lo que pensabas. No te engañes, ha de llegar el momento en que aquello que parecía cercano está aún muy lejos. Pero como estás dispuesto a llegar hasta allí, eso no ha de ser un problema. 

Alégrate cuando llegues a la cumbre: llora, bate palmas, grita a los cuatro vientos que lo has conseguido, deja que el viento allá en lo alto (porque allá en la cima siempre hace viento) purifique tu mente, refresca tus pies sudados y cansados, abre los ojos, limpia el polvo de tu corazón. Piensa que lo que antes era apenas un sueño, una visión lejana, es ahora parte de tu vida. Lo conseguiste. 

Haz una promesa: aprovecha que has descubierto una fuerza que ni siquiera conocías, y dite a ti mismo que a partir de ahora, y durante el resto de tus días, la vas a utilizar. Y, si es posible, promete también descubrir otra montaña, y parte en una nueva aventura. 

Cuenta tu historia: sí, cuenta tu historia. Ofrece tu ejemplo. 
Di a todos que es posible, y así otras personas sentirán el valor para enfrentarse a sus propias montañas.

Paulo Coelho

jueves, 13 de marzo de 2014

Los Zumaques

     
                                                                                        Foto: Rosi Viboras


Tajos  majestuosos,
Cuevas escondidas,
Piedras milenarias
Guardianas de secretos,
Donde a veces tintinea
Una perla de agua
Que se adentra en la tierra.
Un matutino cielo, azul y limpio,
Trae la caricia de un sol de otoño.
Las hojas caídas,
Como un mosaico de luz,
Muestran el camino
De un paraíso semioculto.
Los Zumaques van abriéndose,
Entre quejigos y olivos,
Entre el musgo que cubre
Las paredes que la yedra oculta.
Las zarzas y espinos se cruzan
En difíciles abrazos protegiendo
Al vigilante pino
Que, cada día, desnuda su mirada
Ante la gran obra plena de color
Pinceladas de rojo,
Amarillo, naranja, marrón
Ocre, verde…
Canto efímero a la vida
Aún repleta de rocío y escarcha
Canto último a la muerte
Como una explosión de luz

Ante la que se rinde


Foto: Mamatere

domingo, 9 de marzo de 2014



Trenzaré mi tristeza...

Decía mi abuela que cuando una mujer se sintiera triste lo mejor que podía hacer era trenzarse el cabello; de esta manera el dolor quedaría atrapado entre los cabellos y no podría llegar hasta el resto del cuerpo; había que tener cuidado de que la tristeza no se metiera en los ojos pues los haría llover, tampoco era bueno dejarla entrar en nuestros labios pues los obligaría a decir cosas que no eran ciertas, que no se meta entre tus manos- me decía- porque puedes tostar de más el café o dejar cruda la masa; y es que a la tristeza le gusta el sabor amargo. Cuando te sientas triste niña, trénzate el cabello; atrapa el dolor en la madeja y déjalo escapar cuando el viento del norte pegue con fuerza.

Nuestro cabello es una red capaz de atraparlo todo, es fuerte como las raíces del ahuehuete y suave como la espuma del atole.

Que no te agarre desprevenida la melancolía mi niña, aun si tienes el corazón roto o los huesos fríos por alguna ausencia. No la dejes meterse en ti con tu cabello suelto, porque fluirá en cascada por los canales que la luna ha trazado entre tu cuerpo. Trenza tu tristeza, decía, siempre trenza tu tristeza…

Y mañana que despiertes con el canto del gorrión la encontrarás pálida y desvanecida entre el telar de tu cabello.

Texto: de Paola Klug..

Mujer





Mujer... ¿comprendes el motivo trascendental de tu paso por la tierra...?

Las células son las estrellas de nuestro universo corporal,
las mujeres son los faros de la naciente humanidad,
más aún, ésta es la transición y la luz 
que recién comienza a desplazar la oscuridad.
Aún hay sombras abundantes, bosques oscuros
de densos miedos, donde el tupido follaje de la incertidumbre
impide a los rayos de luz llegar hasta los corazones...

Y los dioses pidieron a través de los maestros árboles,
entregar la antorcha encendida a la mujer,
más no a la mujer miedosa y conformista,
no a la mujer resignada y quejosa,
no a la mujer débil y desprovista de confianza en sí misma,
sino a esa mujer, que, aún levantándose desde sus errores,
atravesando sus miedos y rompiendo sus cadenas,
se atreva a levantarse, caminar con paso firme
hasta que sus brazos se conviertan en alas
y el vuelo a la luz sea inevitable...

Esa mujer vive en semilla es todas las mujeres
esperando el agua de espiritualidad y la luz del conocimiento
para germinar, crecer y florecer.
Es probable que la semilla de la nueva mujer
haya germinado, más en el intento fue atada a su raíz,
obligándola a permanecer enana, sometida, impotente,
paralizada por miedos que en nombre de una ficticia
seguridad le ofrecen la protección de una cárcel,
paradójica situación que alimenta una alegría artificial
que perpetúa cadáveres con apetito,
en esta constelación de estrellas apagadas,
esperando la oportunidad de despertar...

La germinación de la nueva mujer comienza
con un acto de rebeldía, suprema rebeldía,
sagrada disidencia de lo establecido, que en nombre
de una normalidad anormal, mutilada, esclaviza a la mujer
en modernas cárceles de barrotes invisibles...

Es preciso convertir la vida en una maravillosa aventura
de aprendizaje sin límites, sin auto engaños,
sin verdugos, sin víctimas, sólo con el fervor de crecimiento
hecho manera de vivir creativa, conducida por la imaginación.
Es preciso convertir la vida en una suprema ceremonia,
para que todo sea sagrado, todo importante,
más nada demasiado importante como para impedir
la lucidez, la serenidad y el amor...

Nunca hoy como antes la mujer tuvo la oportunidad
de convertirse en una mujer sagrada,
en un ser lúcido y sabio, en una guerrera-caminante,
consciente de que nada puede perder porque no busca ganar...

Cuán importante es que el despertar de la mujer guerrera
esté caracterizado por la tolerancia,
la caminante requiere de obstáculos en su camino,
obstáculos que fortalezcan su voluntad
tornando a sus pasos serenidad y valor.
Las mujeres están regresando convertidas en preciosos seres
que derrochan belleza y musicalidad e invitan a los hombres
a instalarse y vivir en la dimensión poética de la vida...

La mujer sabia no precisa hablar,
su presencia es suficiente, su mirada, su silencio,
todo es enseñanza, su amor se instala llenando
el espacio de luz que habita...
Quizás todo comience tomándose unas vacaciones a solas,
es decir consigo misma...

¿Qué otra cosa tienes que a tí...?

¿Y si hoy te propusieras cambiar, transformar a la mujer común
en una caminante-guerrera, transitando un sueño,
encarnando una utopía, vivenciando que el paraíso
es un estado de conciencia?

¿Y si te atrevieras a ser tú misma, silvestre,
salvaje, libre, natural, inocente, niña y abuela ?
¡Cuánta luz volvería iluminar tu rostro!
¡Cuánto amor emitirían tus ojos!
¡Cuánta energía llenaría tus manos!

El despertar de la mujer adquiere connotación de rebelión,
supremo acto de valor que convertirá la oruga en mariposa.
¡Fíjate con qué facilidad se desplaza la luciérnaga en la noche!

En tiempos como éstos estamos destinados
a vestirnos de luz, a eso hemos venido.
El amor comienza más allá del temor.
Mientras tenemos miedo estamos paralizados.
Es preciso avanzar en dirección a nuestros peores miedos,
es urgente enfrentar nuestros peores monstruos,
para descubrir que los tigres son de papel,
es preciso prepararse para tener la forma del agua,
tan fuerte que perfora la roca y tan flexible
que tiene todas las formas sin dejar de ser agua...

Ser mujer en esta época, es una iniciación...

El hombre privilegió lo externo, apostó su vida
en favor de lo cuantitativo, descuidó la esencia,
pisoteó lo sagrado...

Mujer...
¿comprendes el motivo trascendental de tu paso por la tierra...?

Si así fuera, todo el universo apoya tus pasos.
Y más allá del temor, transita la mujer guerrera,
caminante de todos los senderos,
porque cuando vivimos en el corazón,
donde sea que estemos, estamos en casa...

Chamalú.

21 mensajes para transmitir a cada miembro de la siguiente generación



. Eres un ser deseado. Estás aquí porque el Universo lo quiso.

Siente que eres libre de ser lo que eres, no permitas que nada ni nadie te etiquete, ni te imponga guiones que no se corresponden con tu autenticidad.

Cada ancestro de tu árbol es un don que hay dentro de ti para ser usado a tu favor y al de todo el Universo.

Aprende a no pedir amor, simplemente ama.

. Cree en los pequeños milagros de cada día y atiende a las coincidencias, en ellas hay mensajes ocultos que te guían en el correcto camino.

Cada día, haz un acto generoso con alguien cercano.

Si en tu árbol genealógico hubo traumas, sánalos actuando. 

Déjate guiar por tu cuerpo, es sabio. Él te alertará de las situaciones de las que debas alejarte, sintiendo tensión y malestar. También te dirá cuando estás alineado con lo que eres, sintiendo relajación y bienestar.

No contamines tu cuerpo con tóxicos o una mala alimentación.

En cuanto puedas, sé independiente. Trabaja utilizando tu creatividad y hazte adulto.

Escribe un poema cada día.

Busca y provoca situaciones que te hagan reír.

Tiende a compartir, a colaborar, a ser solidario.

Cuando tengas problemas, puedes analizarlos, puedes hablarlos, pero ten por seguro que hasta que no actúes no se producirá la transformación.

Siente GRATITUD por todo lo que te regala el Universo.

Recuerda que nada en este plano de existencia perece, sino que se transforma.

Lee, estudia, conoce… experimenta por ti mismo.

No te apegues a nada material. No consumas lo que no necesitas.

Tampoco te apegues a ninguna creencia. Lo mismo que tu cuerpo se renueva constantemente, también lo deben hacer las ideas.

Siembra cada día las semillas que te lleguen de dentro o de fuera. La semillas pueden ser palabras, caricias, belleza, acciones. Ellas son los gérmenes de más sabiduría, amor, arte y salud.

Cuida con mimo el territorio que está más allá de tu cuerpo, tu casa, tu barrio, tu ciudad…el plan
eta y el Universo 


Alejandro Jodorowsky

domingo, 2 de marzo de 2014

El laberinto. Capitulo tercero



                                        Esta es la señal que alguien muy querido espera. En el día y a la  hora
                                       indicada que hace tiempo programó. Solo me queda agradecer el compartir 
                                       y seguir brindando mi amor sin condiciones. ¡Todo es perfecto!


Fue entonces, en ese amanecer, cuando me despojé del chal que me cubría y al que me agarraba con fuerza, como si fuese un talismán que me librara de la derrota en la batalla, y empecé a sacar un hilo de él que até con cariño al árbol que había ante mí. Era un árbol grande, robusto, de tronco grueso y ramas fuertes. Sus hojas eran de diversas tonalidades, al menos así las veía en aquel momento en que el día comenzaba a despuntar y los rayos de sol daban nueva vida a todo. Estaba lleno de flores y frutos diversos que jamás había visto. Llevaba tanto tiempo sin nada que llevarme a la boca que alargué mi mano y cogí uno, el más cercano. Tenía un color verde y rosado al mismo tiempo. Di las gracias por semejante presente y lo mordí con delicadeza. En todo mi cuerpo sentí y saboreé aquel manjar agridulce que me llenó al momento de fuerza, de vida, de calma. Abracé su cálido tronco y luego me senté en la tierra con mi espalda pegada a él y disfruté de su hermosura, de su belleza. Olía su aroma, escuchaba en el silencio su voz y en esos momentos dejé de sentirme sola.
No sé cuánto tiempo permanecí junto a este árbol al que cariñosamente le llamé Corazón, porque había devuelto al mío el latir acompasado. Pudo ser un día o una semana, el tiempo había dejado de existir para mí. Empecé a recordar los momentos que más se habían incrustado en mi alma desde que era una niña, los buenos y aquellos en los que había traspasado el límite del dolor. Con mis manos empecé a escarbar un hoyo en la tierra y lloré con desconsuelo, con rabia  y con alegría. Y lloré lluvia y escarcha y lloré mares y ríos hasta caer rendida, exhausta y coloqué la tierra en su lugar. Y allí soñé la Vida. Cuando desperté, solo tuve que abrir mis manos para coger el nuevo fruto que el árbol me ofrecía. Sentí su energía en cada bocado, saboreé su color y su textura. Le habían brotado nuevas ramas, nuevas flores y nuevos frutos dándole aún mayor belleza. Me acerqué, le hablé de nuevo despidiéndome de él con las palabras que brotaban desde mi interior, sabiendo que siempre estaría en mí como yo ya estaba en él, besé su rugoso tronco con gratitud y empecé a andar, ahora sí, con tranquilidad, sabiendo que lo peor ya había pasado.
En aquella noche oscura, algo cambió dentro de mí. Dejó de importarme si el día era gris lleno de nubarrones o era soleado, si el viento azotaba mi cuerpo o solo lo acariciaba. Me daba cuenta de que todo era un instante y luego pasaba. Aquél laberinto tampoco sería eterno. El chal cada vez era más pequeño. Su hilo, casi transparente, iba marcando el camino para no pasar de nuevo por el mismo lugar dando vueltas sin sentido. Caminé y caminé disfrutando cada paso y sentí como el lugar me hablaba mostrándome el camino de regreso. Vi lo que nunca había visto, escuché lo que nuca había escuchado y me sentí una con el lugar.  Solo quedaba un pequeño trozo de hilo en mis manos cuando una suave y fina lluvia comenzó a caer y sentí como limpiaba mi alma. Tras las nubes blancas como la nieve se dejó ver un claro cielo azul infinito y los rayos de sol se mezclaron con las gotas de lluvia y las lágrimas que rodaban por mis mejillas formando un hermoso arco iris, esa era  la entrada-salida. Me di la vuelta con calma y vi como el hilo se disolvía sin dejar rastro, ya no lo necesitaba. Había vuelto a ser yo y llegaba de nuevo a Casa. Una rosa se desprendió de su tallo y la cogí al vuelo. Agradecí el presente con una sonrisa. El  laberinto era yo y yo era el laberinto. Todo quedaba atrás y todo estaba ante mí.



sábado, 1 de marzo de 2014

El Laberinto. Segunda parte


No sé como entré aquí, ni como he llegado a este lugar en el que me encuentro. Solo sé que sucedió. Vi un jardín tan hermoso que quise pasear por él, adentrarme en sus secretos y compartir esos otros que había en mi interior. Desde fuera no parecía un laberinto ni había nada que lo indicara, solo era un hermoso jardín. Lo sigue siendo. El hecho de verme atrapada en él no le resta hermosura, aunque algunos días reniegue de esta situación, sobre todo al principio, cuando me di cuenta de lo que sucedía. Poco a poco he ido aprendiendo a amarlo, a hacerme una con cada seto, con cada árbol, con cada flor, con todo lo que es y con todo lo que me muestra, el miedo se ha ido disolviendo con el transcurrir del tiempo.
Recuerdo que al entrar no traía nada, más que las llaves de casa en un bolsillo y un chal de suave hilo sobre mis hombros casi desnudos. ¡Qué lugar tan agradable! Pensé ¿Cómo no lo he visto antes? Después me arrepentí de este pensamiento cuando la desesperación empezó a apoderarse de mí.

El día a día fue una lucha constante en ese primer tiempo, ahora comprendo que la lucha era conmigo misma. Todo parecía en mi contra.. De día me asustaban los pequeños insectos, las abejas que se posaban en las flores y que yo veía como enjambres dispuestas a acabar conmigo. De noche eran los pequeños roedores los que me sacaban de mí y gritaba como si fuera su manjar para ese momento. No  tenía nada que comer o al menos yo no lo veía. No tenía agua que calmara la sed producida por tanto esfuerzo. No encontraba la salida y solo podía andar, correr sin saber por dónde ni hacia dónde, pero sentía que solo podía continuar hacia adelante. Así llegué al centro donde la oscuridad era absoluta, donde el miedo hizo mella y se apoderó de mi alma. Recordé las historias que me contaban de niña donde un Minotauro devoraba cada cierto tiempo a catorce jóvenes, siete mujeres y siete hombres, Hubo un momento en que le vi. Pude ver tan cerca de mí aquella boca abierta llena de dientes fuertes y grandes que hasta casi olía su desagradable y fétido aliento. Me devoraba, me tragaba sin remedio y grité y lloré pidiendo ayuda al cielo, pero no había nadie, solo yo, ante lo que parecía una cueva tan oscura como el abismo más negro y que desató toda la oscuridad que yacía en mi interior, hasta que me rendí y me di cuenta en un atisbo de cordura o en momento de lucidez, o… que el miedo no era el camino. 

El Laberinto. Primera parte



¡Creta queda tan lejos y yo me siento tan sola!
Perdida en el Laberinto, solo veo ante mí los bojes que me rodean y lo árboles que son más altos que ellos y que alcanzo con la mirada, pero están mezclados y no me ayudan a distinguir el camino de vuelta a casa. Paseo día a día por estos caminos que mis pies han ido haciendo minuto a minuto, momento a momento y lo observo todo. Ha cesado la rabia y la desesperación de sentirme perdida en esta tierra de nadie. Ha cesado la tristeza de esta soledad y la alegría ante un nuevo rincón descubierto. Solo hay calma, paz, acompañada por el suave trino de los pajarillos que vienen a visitarme y que me permiten acariciar su colorido plumaje, o las mariposas que aletean ante mí y se posan con dulzura sobre mis manos.
A veces, en las esquinas, siento que las musas me susurran bajito al oído. Las conozco a todas por sus nombres, por su perfume o por la melodía con la que me envuelven, como si fueran brisa. La voz de Caliope es dulce y me gusta escucharla al igual que a Clio  cuya voz resuena más profunda. Erato me traspasa con sus bellos poemas, Urania me lleva a conocer otros mundos mientras me muestra las estrellas. Cuando escucho la música en el viento siento que Euterpe está cerca. A veces viene acompañada de Terpsicore y ante su presencia, mi cuerpo se mueve en una danza sencilla y majestuosa. Pero también sé  que  no puedo quedarme a su lado mucho tiempo porque me atraparían como el canto de una sirena y no podría salir de aquí. Aún así me gusta escucharlas, porque alguna vez me dan una pista para avanzar un poquito.

En los días nublados, el recuerdo de todo aquello que fui viene a visitarme: mi familia, mis amistades, mi ciudad... ¡Todo queda tan lejos! Hasta que la lluvia poco a poco me traspasa, limpia mi añoranza y me devuelve al lugar exacto en el que estoy. Ahora son los tenues rayos del sol los que le devuelven el calor perdido a este cuerpo cansado. ¡Todo es perfecto!